miércoles, 24 de marzo de 2010

Reflexión transpersonal IV: Acompañamiento para alumbrar conciencias y lograr la trascendencia


En un encuentro terapéutico, el terapeuta transpersonal como acompañantes y ginecólogos, guíamos al paciente en su alumbramiento. En un viaje interno para el encuentro con el alma y así, disipar su sombra. En un ambiente agradable, donde impera la confianza para evitar se sienta rechazado, el paciente comparte su conflicto en cualquier área de su vida. Entrando en sintonía con su nivel de vibración y poniéndome en su lugar para poder comprender su situación, además con una escucha atenta basada en la observación y apreciando tanto el lenguaje verbal como no verbal para tomar la información que permita tomar claridad de donde proviene él conflicto. Hacer las preguntas de poder para conocer los bloqueos e ir señalando para que el paciente vaya encontrando sus respuestas por sí mismo a su problema. Tengo como recurso, en caso necesario, la respiración consciente, que facilitará el trabajo si el paciente presenta ansiedad y logre tranquilizarse. Acompañamiento que como terapeuta me hará recordar mi camino de vuelta en mi proceso de crecimiento en lo vivido en una situación similar. Y lo más importante, la aceptación en todo momento y la comprensión, en un dar y recibir con un amor sin condicionamientos.
Sobre el lugar donde está la puerta de salida de mi propia inseguridad, esta en vencer mis miedos y temores, de estar convencido que tengo los conocimientos y las herramientas necesarias. Que puedo abrir el corazón y dar paso a la intuición, eliminando el juicio. Que tengo la capacidad para empatizar, observar y comprender el sufrimiento ajeno. Que en la medida que ayude al otro, me estaré ayudando a mí mismo. Que no tengo que luchar contra el ego, solamente integrarlo y aceptar todas mis limitaciones, así como reconocer mis potencialidades en el deseo de servir y ayudar a la gente.
Como terapeuta transpersonal, siento que puedo comprender y abordar el sufrimiento humano. Reconocer que el que sufre es un buscador que quiere salir de la ignorancia. Entrando en un proceso propio y atender mi sufrimiento, por medio de la empatía puedo comprender y sentir compasión por el dolor de los demás. Nunca deja uno de conocerse y uno tiene que estar en ese continuum para lograr la trascendencia. Al integrar las experiencias de dolor, acompañando desde el amor, puede darse la apertura de conciencia y aliviar el sufrimiento. Conciencia que permite saber que ese dolor no está ahí por casualidad, sino que es para algo. Son pruebas que nos presenta la vida para que trascendamos como seres humanos.
El acompañamiento terapéutico, me motiva. Significa un gran reto el entrar en un proceso terapéutico para continuar evolucionando como ser. Mi pretensión: ir aprendiendo más sobre la terapia transpersonal y seguirla ejerciendo en un futuro próximo, dotado con todas las herramientas necesarias para poder ayudarme a mí mismo y a los demás. Sé que busco la trascendencia y que fabuloso sería obtener como trofeo una mente feliz en el camino de autorrealización y servicio. Te recomiendo veas video anexo: Cómo despertar tu conciencia ahora.

viernes, 12 de marzo de 2010

La terapia transpersonal


Antes de entrar en el marco de la terapia transpersonal, primero hay hablar de los cuatro escalones o fuerzas de la psicología para ubicarnos dentro del contexto. El Conductismo la primera, el Psicoanálisis la segunda y la Psicología Humanista como tercera y la Transpersonal, la cuarta.
El propósito del Conductismo consistió en abandonar definitivamente el concepto de conciencia ya que en este concepto hay algo inútil e imperfecto como vestigio de una supersticiosa creencia medieval en el alma. Consecuentemente el Conductismo afirma que el cuerpo del ser humano es la única realidad humana y que la mente y sus trampas deben eliminarse de la ciencia.
El propósito final del Psicoanálisis es reemplazar lo irracional del Ello con la razón del Ego y para ello recurre a la revisión analítica de acontecimientos que puedan aportar un mapa racional a la personalidad humana.
El humanismo hace énfasis en la experiencia consciente y la totalidad de la naturaleza humana, subrayando la espontaneidad y el poder creativo del individuo. Postula que los seres humanos somos primero seres conscientes que poseemos libre albedrío y que estamos influidos tanto por el presente como por el futuro y el pasado. El enfoque humanista es holístico, esto es, estudia a los individuos como organismos unificados.
Por último, Transpersonal puede considerarse como “alta cultura” ya que incluye dimensiones de la experiencia y del comportamiento humanos que se asocian con la salud y el bienestar inherentes a niveles de conciencia que comienzan a despuntar entre un número de gente todavía pequeño pero en progresión imparable.
Ahora quiero establecer las diferencias entre la psicología tradicional de la psicología transpersonal. La primera es una visión fragmentada y mecánica, mientras la segunda es una emergente visión integradora y trascendente. La psicología tradicional tiene enfoque reduccionista haciendo caso omiso a los valores, la voluntad, la conciencia y la búsqueda de la autorrealización y la trascendencia. Mientras la transpersonal enfoca la terapia en el reconocimiento de la espiritualidad y las necesidades trascendentales como aspectos intrínsecos de la naturaleza humana actualizando temas psicológicos antes ignorados como la conciencia cósmica, la trascendencia, el éxtasis, las experiencias místicas, la teoría y la práctica de la meditación o la sinergia interindividual y entre las especies.
La herramienta fundamental de la terapia transpersonal es la observación. Se orienta al paciente a una sostenida observación de sus procesos mentales de manera que se ayuda a una progresiva desidentificacion del sujeto con su contenido mental.
Entre los inspiradores de la cuarta fuerza en psicología, destacamos a Jung, Maslow, Wilber y Grof, entre otros.
a. Jung se le considera como el primer representante de la futura Psicología Transpersonal y como el primer psicólogo moderno. Subrayó la importancia de aspectos tales como lo misterios, de lo místico, de lo creativo y de lo religioso. Nos lleva a una toma de conciencia al introducir los términos de sincronicidad, los arquetipos, el inconsciente colectivo. Y afirma, entre otras cosas, que el ser humano es capaz de cruzar las fronteras del ego y del inconsciente para conectarse con él mismo.
b. Maslow. La vida espiritual es parte de la esencia humana. Enfoca una psicología de la salud, más que de la enfermedad. Destaca que la persona primero debe cubrir sus necesidades básicas para poder ir hacia la autorrealización. Es necesario aprender a manejar la armonía entre humildad y orgullo que es absolutamente necesario en el trabajo de la creatividad, una mezcla entre posibilidades divinas y limitaciones humanas.
c. Wilber. Integró los aspectos más importantes de la espiritualidad de Oriente y Occidente. Desarrolló el espectro de la conciencia proponiendo la noción de que la personalidad humana. Sitúa al ser como un eslabón o punto en un mapa de situación entre el origen y el destino de la conciencia. Estructura en palabras realidades que miles de años atrás han permanecido en el territorio de lo inefable. Ha sido llamado también el Einstein de la conciencia.
d. Grof. Trabaja con estados no ordinarios de conciencia (respiración holotrópica y LSD). Sus investigaciones le llevaron a poner la atención en el proceso del nacimiento y lo que éste nos marca en nuestra vida adulta. Grof, afirma que la transformación individual solo puede conseguirse por esfuerzo y responsabilidad personal.
Para entender a la terapia transpersonal, hay que agregar que transpersonal es una manera sinónima de decir espiritualidad. Motivo por el cual, hay que distinguir entre religiosidad y espiritualidad. La religión es un conjunto y rituales que aseguran llevar a una persona a una relación correcta con Dios y la espiritualidad es un enfoque sobre las cosas espirituales y el mundo espiritual en vez del físico, que son las cosas terrenales. La verdadera espiritualidad es el fruto que produce el espíritu santo en la vida de la persona: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23). Es parecernos más a Dios, a su imagen y semejanza. En lo personal, la palabra espíritu puede asociarse a la energía, a la vida consciente, estando abierto al todo, a la libertad, al amor, a la creatividad y a la libertad.

jueves, 4 de marzo de 2010

Reflexiones transpersonales 2: Como terapeuta



El terapeuta es un acompañante. En educación a lo largo de la reforma se han adoptado términos como facilitador o mediador, lo más cercano en una maestría formación transdiciplinaria se manejo como intelocutor-acompañante, figura que no solo asesora sino acompaña durante el proceso. Me llama la atención: es el que escucha con una escucha profunda para develar la conciencia ante la ignorancia y que uno como terapeuta no cura sino es el mismo paciente. Y la medicina es reencontrarlo a través del amor y la compasión. Igualmente, capta mi atención, el de poder ayudar a los demás en su proceso de cambio, ante la resistencia y el sufrimiento que se produce. También me resulta aleccionadora y prometedora la terapia transpersonal en el reencuentro conmigo mismo.

Un terapeuta que acompaña a su paciente durante el proceso de terapia con una entrega y una escucha profunda, hace que se dé cuenta de su sombra, la acepte y a través del amor y la compasión sane del dolor y sufrimiento que ocasiona. Es una integración con el todo. Es reconectarlo con esa parte espiritual como producto del acompañamiento y la comprensión, en un ambiente de confiabilidad y de respeto, el paciente nace con una luz en su conciencia.

Como terapeuta, imagino una atmósfera agradable, cálida y de mucho amor, de afecto y comprensión. En un dar y recibir, en un ayudar y ayudarme a mí mismo. Contribuyo en despertar la conciencia del otro y en esa revelación, cada vez más me nutre en la idea de aceptación y empatía, en el amor y la compasión. Libre de apegos y enganches puedo entrar en ese proceso de escucha profunda y comprender el dolor y sufrimiento de mis semejantes. Navegar juntos en ese océano y en la medida de profundizar en esos mares, liberar miedos y temores, así como develar los misterios que lo harán crecer como persona. Me veo abierto y dispuesto, con una sonrisa y con una expresión afectiva en el acompañamiento. Y una promesa al final, de reencuentro, de cambio y transformación, de sentido y compromiso con la vida.