
En un país muy lejano, al atardecer después de una larga jornada, algunas mujeres ancianas, otras jóvenes, se reunían en una playa. Se reunían para intercambiar confidencias y experiencias. Con un vocabulario pobre, pero infinitamente cálido, llegaban a comparar, la manera en que sentían sus cuerpos. Les bastaron algunos instantes para comprobar que cada una de ellas percibía, primero, sus pulsiones sexuales en la base del tronco y en lo alto de sus muslos. También comprobaron, que la sensación del trabajo bien hecho, aún si la actividad no es física, se manifiesta una irradiación cálida en el centro del vientre. Llevadas por la euforia de esas primeras explosiones de conciencia. Sentían que tenían conciencia no sólo de su cuerpo físico, sino también de que había otras cosas aparte de lo que podían ver o tocar. Observaron que nunca habían sentido en su vientre, su cabeza o su sexo un dolor relacionado con el apego a un hijo, una hermana, o una tía. El centro de la percepción, del amor, en todos los seres humanos, parecía estar ubicado entre el plexo y la garganta. Siempre inmóviles, ascendían ahora mentalmente por la escala de su propio cuerpo, con la prudencia de una neófita que no desea alterar nada del orden sagrado. Una madre, un poco más joven, observó que cuando ella intentaba visualizar otros órdenes, perdía el sentido de la parte baja de su cuerpo, y que toda su atención se concentraba en su cabeza. El grupo de mujeres reconoció que esta familia de preocupaciones siempre va subrayada por una tensión, a veces agradable, que irradia entre la nuca y el centro de la frente.Terminaba de finalizar el día, y bajo los cielos rosas, las mujeres más inspiradas, abandonando todo pudor, pasaron a hacerse confidencias más íntimas. Se asombraron entonces como todas coincidan en que después de una relación sexual excepcional, en un momento que la luna les era favorable, una sensación aguda en lo alto de la cabeza, que le confería a todo su ser una insólita serenidad.
Dejándose llevar por su descubrimiento y sintiéndose fuertes en su solidaridad, se prometieron enseñarlo a sus hijas, a sus sobrinas y a todas las mujeres de la tribu. Menos de un siglo después, la concentración de los chakras era conocida de pueblo en pueblo, y comenzaba a propagarse. Así nació, tal vez, en un día anodino, la conciencia chákrica y su corolario, "la observación de uno mismo, como fuente primigenia".
Los Chakras son centros de energía localizados en nuestro cuerpo, desde el cóccix hasta la coronilla. Tenemos siete puntos energéticos y cada uno controla diversos aspectos de nuestra vida, pasando por lo material, espiritual, físico y mental. Podríamos ver a los Chakras como el mapa de nuestro mundo interior, representan de manera activa la relación con uno mismo y la forma como experimentamos la vida. La misma energía que fluye a través de tu vida, es la que fluye dentro de ti, los Chakras interactúan con esta fuerza universal y van formando los diversos aspectos de tu vida. De ahí, la importancia de conocer la función de cada uno de nuestros Chakras, localizar nuestros puntos de baja energía y equilibrarlos. Al aprender a manejar nuestra energía estamos al mismo tiempo manejando nuestra vida exterior. Y lo más importante, estaremos construyendo cambios con plena conciencia de las cosas. El propósito principal de trabajar conjuntamente Chakras es el de crear integración y totalidad dentro de ti. Adquirir conocimientos acerca de los chakras, puede llegar a ayudarnos a comprender cuál es nuestro potencial energético inherente a todos. Si te interesa adentrarse en su estudio ponemos a tu disposición el Programa Psicología a través de los Chakras, llámanos (01669) 112-05-66. Te invito a que realices una práctica de meditación clásica para que equilibres el cuerpo, la mente y el espíritu.
Dejándose llevar por su descubrimiento y sintiéndose fuertes en su solidaridad, se prometieron enseñarlo a sus hijas, a sus sobrinas y a todas las mujeres de la tribu. Menos de un siglo después, la concentración de los chakras era conocida de pueblo en pueblo, y comenzaba a propagarse. Así nació, tal vez, en un día anodino, la conciencia chákrica y su corolario, "la observación de uno mismo, como fuente primigenia".
Los Chakras son centros de energía localizados en nuestro cuerpo, desde el cóccix hasta la coronilla. Tenemos siete puntos energéticos y cada uno controla diversos aspectos de nuestra vida, pasando por lo material, espiritual, físico y mental. Podríamos ver a los Chakras como el mapa de nuestro mundo interior, representan de manera activa la relación con uno mismo y la forma como experimentamos la vida. La misma energía que fluye a través de tu vida, es la que fluye dentro de ti, los Chakras interactúan con esta fuerza universal y van formando los diversos aspectos de tu vida. De ahí, la importancia de conocer la función de cada uno de nuestros Chakras, localizar nuestros puntos de baja energía y equilibrarlos. Al aprender a manejar nuestra energía estamos al mismo tiempo manejando nuestra vida exterior. Y lo más importante, estaremos construyendo cambios con plena conciencia de las cosas. El propósito principal de trabajar conjuntamente Chakras es el de crear integración y totalidad dentro de ti. Adquirir conocimientos acerca de los chakras, puede llegar a ayudarnos a comprender cuál es nuestro potencial energético inherente a todos. Si te interesa adentrarse en su estudio ponemos a tu disposición el Programa Psicología a través de los Chakras, llámanos (01669) 112-05-66. Te invito a que realices una práctica de meditación clásica para que equilibres el cuerpo, la mente y el espíritu.